Ratatouille provenzal
La ratatouille provenzal en su máxima expresión: verduras del sol cocinadas lentamente al horno con aceite de oliva y hierbas aromáticas. Un plato vegetariano generoso que sublima los sabores del verano.
La ratatouille provenzal en su máxima expresión: verduras del sol cocinadas lentamente al horno con aceite de oliva y hierbas aromáticas. Un plato vegetariano generoso que sublima los sabores del verano.
Ingredientes
Preparación
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1
Precaliente el horno a 180°C. Lave todas las verduras cuidadosamente y séquelas.
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2
Corte las berenjenas y los calabacines en rodajas de aproximadamente 1 cm de grosor. Corte los pimientos en tiras gruesas tras retirar las semillas. Corte los tomates en cuartos. Corte las cebollas en medias lunas.
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3
En una fuente grande apta para horno, disponga las cebollas cortadas en la primera capa. Rocíe con un chorrito de aceite de oliva y hornee 10 minutos para que se ablanden ligeramente.
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4
Saque la fuente y disponga las verduras en capas alternas sobre las cebollas: berenjenas, calabacines, pimientos y tomates. Intercale los dientes de ajo pelados y aplastados.
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5
Rocíe generosamente con aceite de oliva, espolvoree con tomillo y romero fresco, sale y pimienta. Añada la hoja de laurel en el centro de la fuente.
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6
Cubra la fuente con papel de aluminio y hornee durante 30 minutos. Las verduras empezarán a soltar su agua y a ablandarse.
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7
Retire el aluminio, rocíe las verduras con el jugo que han soltado y continúe la cocción al descubierto durante 20 a 30 minutos más. Las verduras deben quedar fundentes y ligeramente caramelizadas en los bordes.
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8
Saque del horno, ajuste el sazón y espolvoree con albahaca fresca picada. Deje reposar 10 minutos antes de servir tibio o a temperatura ambiente.
Consejos del chef
Información adicional
La ratatouille es el plato emblemático de la Provenza y de todo el sur de Francia. Este guiso de verduras de verano, cocinado a fuego lento con aceite de oliva y hierbas aromáticas, es un himno a la cocina mediterránea y a los productos de la huerta. Considerado durante mucho tiempo como un plato de pobres, la ratatouille ha ganado sus cartas de nobleza y ahora preside las mesas de los mejores restaurantes.
Las verduras del sol
La ratatouille se basa en un quinteto imprescindible: berenjenas, calabacines, pimientos, tomates y cebollas. Cada verdura aporta su personalidad: la dulzura fundente de la berenjena, la frescura del calabacín, el toque crujiente y ligeramente dulce del pimiento, la acidez alegre del tomate y la redondez de la cebolla. Juntos, componen una sinfonía de sabores y texturas.
La elección de las verduras es primordial: deben ser de temporada, bien maduras y si es posible de agricultura local. En pleno verano, los puestos de los mercados provenzales rebosan de estos tesoros llenos de sol. Elija berenjenas firmes y brillantes, calabacines de tamaño mediano, pimientos pesados y carnosos, y tomates perfumados.
Cocción al horno: el método superior
Existen dos grandes escuelas de ratatouille: aquella en la que las verduras se saltean por separado en la sartén y luego se ensamblan, y la del horno, más sencilla e igualmente sabrosa. Nuestra receta opta por la cocción al horno, que presenta varias ventajas: las verduras se caramelizan suavemente, conservan mejor su forma y sus nutrientes, y el resultado es más ligero ya que necesita menos aceite.
La clave es una cocción larga y suave, a temperatura moderada. Las verduras deben quedar fundentes sin convertirse en puré, y cada trozo debe mantener algo de consistencia. El rociado regular con el jugo de cocción permite obtener una ratatouille tierna y brillante, bañada en esa salsa untuosa y perfumada.
Servicio y acompañamientos
La ratatouille es un plato extraordinariamente versátil. Caliente, acompaña de maravilla un pescado a la parrilla, una carne blanca o simplemente arroz. Tibia o fría, se degusta como entrante sobre pan tostado frotado con ajo, al estilo bruschetta provenzal. También es deliciosa como relleno de una tortilla o de una tarta salada.
Como muchos platos guisados, la ratatouille está aún mejor recalentada al día siguiente. Se conserva de 4 a 5 días en el frigorífico y se congela muy bien, lo que la convierte en un plato ideal para preparar en grandes cantidades durante el verano.
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